- Exposición al sol
- Sol pleno o mucha luz (mínimo 4–6 h). A media sombra da más hoja que flor. En interior solo junto a una ventana muy luminosa, y aun así florece menos. Protegé de vientos secos que queman pétalos.
- Regado
- Regular en floración: tierra apenas húmeda, sin charco. En verano, a menudo cada 2–3 días en maceta chica. Dejá secar 1–2 cm de superficie. El exceso pudre el cuello. El estrés de sequía tira botones. Plato siempre vacío.
- Poda
- Guiá los tallos al tutor. Recortá para ramificar: las flores salen en madera nueva. Sacá flores secas para alargar la temporada. Guantes: la savia lechosa irrita piel y ojos.
- Sustrato / tierra
- Fértil y drenante: tierra universal de calidad + perlita. Maceta con agujeros. Un tutor o enrejado desde el inicio evita tallos rotos. Trasplantá en primavera si las raíces llenan.
- Fertilización
- Abono para plantas con flor cada 10–15 días de primavera a otoño, diluido. Pausá en invierno. Si amarillea con los nervios verdes, revisá el riego antes de cargar más fertilizante.
- Humedad
- Media. No hace falta saturación. En una ola de calor podés pulverizar de mañana, sin mojar las flores al sol. Buena aireación contra cochinilla.
- Toxicidad para mascotas
- Tóxica. La savia irrita piel, ojos y boca. Si se ingiere puede dar vómitos. Mantenela lejos de perros, gatos y niños. Lavate las manos después de podar.