- Exposición al sol
- Luz brillante indirecta. Un poco de sol de mañana sirve; el sol fuerte quema y decolora la hoja. En interior, cerca de una ventana con cortina. Sombra profunda la estira y achica las hojas nuevas.
- Regado
- Regular: sustrato húmedo, nunca barro. Regá cuando se seque el primer centímetro. En calor puede ser cada 2–3 días en maceta; en reposo, mucho menos. El exceso pudre el rizoma. Plato siempre vacío. Agua a temperatura ambiente.
- Poda
- Cortá hojas amarillas o dañadas desde el pecíolo, con tijera limpia. No despuntes la hoja sana para “achicarla”. Al trasplantar podés separar hijuelos con raíz propia. Usá guantes: la savia irrita.
- Sustrato / tierra
- Aireado y rico: tierra para interior + perlita + un poco de corteza o fibra de coco. Drenaje obligatorio. Maceta apenas más grande que el cepellón; el exceso de tierra húmeda pudre. Trasplantá en primavera si las raíces llenan.
- Fertilización
- Abono equilibrado diluido cada 15 días en primavera y verano, cuando saca hoja nueva. Nada en reposo ni sobre planta recién comprada (esperá 3–4 semanas). Hoja pálida con nervios verdes: revisá riego antes de echar más abono.
- Humedad
- Alta, ideal por encima del 60 %. En aire seco se secan los bordes. Agrupala con otras plantas o usá humidificador. Pulverizar ayuda poco si después pega el aire acondicionado. No mojes el cogollo de noche.
- Toxicidad para mascotas
- Tóxica para perros y gatos (oxalatos de calcio). Masticarla irrita boca, lengua y digestión. La savia también irrita la piel. Colocala fuera de alcance.